La mañana llego demasiado rápido para Valeria.
Y desgraciadamente también llegaron los recuerdos.
Después de que había bajado al comedor intentaba convencerse de que podía actuar con normalidad, que nada había cambiado. Que la noche anterior había sido solo un momento absurdo provocado por el exceso de alcohol, una discusión y una pésima toma de decisiones.
El problema era que cada vez que levantaba la vista, Adrián seguía ahí. Sentado al otro extremo de la mesa. Perfectamente tranquilo, perfec