Mundo ficciónIniciar sesiónMi hermano se la llevó, aún enfurecida, fuera de la habitación. Yo me quedé temblando. Las lágrimas escaparon sin pedir permiso y me hundí en la almohada, llorando en silencio.
Qué ilusa había sido al pensar que todo sería diferente. Ella no había cambiado. Y yo seguía siendo su saco de boxeo, el blanco de sus frustraciones, la hija que nunca sería suficiente.
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