JOAQUÍN
Me sacó de la habitación. En verdad, no lo puedo creer. ¿Tan grave es que la vea sin su prótesis?
Me dirijo a una máquina expendedora para comprar una botella de agua. ¡Maldición! Se quedó atascada. Le doy unas pataditas intentando que la botella caiga, hasta que por fin sale disparada de la máquina y recorre unos tres metros hasta la sala de espera. Me toca salir corriendo como un imbécil detrás de la estúpida botella.
—¿Mal día?—pregunta Andrés, cuando por fin puedo llegar y me siento