«Al que no le gusta la sopa, le dan dos tazas.»
MÍA
Despierto en una clínica. ¡Yuju! Estoy teniendo un déjà vu. Observo dónde me encuentro acostada y arropada, con una bata azul y sin mi prótesis. Sin mencionar la aguja que tengo clavada en el brazo. ¡Genial! ¿Y ahora qué me pasó? Ingresa un doctor y me saluda con una sonrisa gigante.
—Hola. Soy el doctor Rodríguez, me puedes decir Sebastián.
Es joven, demasiado para ser médico. No debe tener menos de treinta años. Me explica mi cuadro clínico,