MÍA
Me acerco a Joa, que está sentado en un taburete, y me meto entre sus piernas. Lo abrazo por el cuello y me quedo así durante unos minutos largos; sin hablar y disfrutando de su calor y su contacto. Me huele el pelo.
—Me encanta tu olor —dice.
—A mí me encanta tu barba —le confieso mientras la toco, y él se ríe.
Joaquín no era precisamente el chico más risueño. Su sonrisa casi siempre esa reprimida y ladeada, pero cuando lo hacía de verdad, iluminaba todo.
—Es mi mejor encanto.
—No. El