CAPITULO 1

MÍA.

3 Años después

Suena el despertador como todos los días a las 6:00 de la mañana, me levanto rápido, estiro la mano y agarro mi prótesis, la ajusto a mi pierna, la aseguro, hago unas cuantas extensiones de pierna todavía sentada en la cama y me levanto.

Mi pierna ortopédica es genial, personalizada con revestimientos de prótesis impresa en 3D, de color blanca y negro. Da la impresión y comodidad de una pierna normal, está hecha justo a mi medida.  El carenado incluye una parte frontal y posterior que es desmontable, se pueden intercambiar las piezas de negro por otro color, es una maravilla. Soy muy afortunada de tener los medios económicos para tener una prótesis de última tecnología, me hacen la vida mucho más fácil. La mayoría de las personas amputadas deben conformarse con una prótesis de mala calidad que apenas se ajusta a sus necesidades reales y para colmo de males añaden otros problemas, como infección y daños a nivel muscular y óseo.

Si, perdí mi pierna derecha durante el accidente hace exactamente 3 años, pero eso no fue lo peor de todo, daría mi otra pierna porque mi madre estuviera viva.

Hoy se cumple 3 años de su muerte y es un día que no quisiera rememorar nunca, aunque eso es imposible, lo recuerdo cada vez que veo mi pierna.

Nuestra “vida perfecta” se desmoronó esa noche, cuando un conductor en estado de embriaguez se pasó el semáforo en rojo y envistió directo en la puerta del carro donde mi mamá se encontraba, el doctor dice que murió de forma instantánea, lo que en cierto modo nos da un poco de consuelo, saber que no sufrió al morir.

—Como si eso hiciera diferencia —murmuro.

Miro mi reflejo hasta la cintura en el espejo del baño y veo una joven normal, bonita, saludable, completa, alegre, con toda una vida por delante, con sueños y metas. Es imposible no imaginar cómo sería mi vida ahora si mi madre estuviera con nosotros y con mis dos piernas enteras. Sacudo esos pensamientos negativos de mi mente, me dirijo al armario y saco la ropa que me pondré para ir a visitar al cementerio a mamá. Lo hacemos temprano siempre porque ella era madrugadora y siempre tratamos de honrar su memoria, o por lo menos eso dice mi papá.

Antes de entrar al baño mi padre toca la puerta de mi cuarto, le digo que puede pasar.

—Veo que ya estas despierta —dice con una cara de tristeza que me parte el corazón, hoy tampoco es un buen día para el obviamente.

—En 40 minutos estoy lista —él me sonríe y sale del cuarto.

Me quito la prótesis y entro en la ducha adaptada para mí, con una silla en la que puedo sentarme y bañarme más cómoda y sin riesgo de caerme. No es que sea tan diferente a una ducha normal de todos modos.

Una vez término de cambiarme y arreglarme vuelvo a mirarme en el espejo de cuerpo completo que tengo en mi cuarto, jean negro ajustado, blusa de seda blanca, cabello recogido en una cola de caballo. Formal y casual al mismo tiempo, muy diferente a como me visto normalmente.

Salgo de la habitación y me encuentro con papá en la sala esperándome.

—Te ves hermosa cielo, me gusta cuando te vistes un poco más…normal —dice él con un poco de humor.

—No te hagas ilusiones, apenas regresemos me cambiare de ropa, parezco la abuela Elena vestida así —digo riéndome, imaginándome lo que ella diría si estuviera acá.

—Te escuche jovencita —dice mi Abu saliendo de la cocina como por arte de magia.

— ¡Joder abuela, me asustaste! —digo con cara de espanto, llevando mi mano a mi pecho.

—Esa boca por el amor de Dios —ella tiene peor vocabulario que yo, por más que invoque a todos los santos.

—Mira quien habla, tú eres peor, mil veces.

—Por cierto, si te vez muy bien con esa ropa, a diferencia de los trapos viejos y rotos con los que te vistes a diario —ella esta vestida casi igual a mí, jean negro y blusa de cuadros blanco y negro.

Después de la muerte de mamá no ha querido quitarse el luto, solo viste de negro, blanco y grises. Yo le digo que el luto se lleva por dentro, pero ella es chapada a la antigua “en algunas cosas” y me responde que es su forma de recordar el dolor que le causa la muerte de su única hija mujer.

—Somos casi gemelas —rio a carcajadas.

—Solo te falta la prótesis —le digo.

Una vez llegamos al cementerio nos dirigimos a la tumba de mamá, con dos ramos de girasoles, sus flores favoritas y nos sentamos en el suelo a desayunar…si a desayunar. Parece de locos, pero no, compramos café y cruasanes en el camino. Siempre lo hacemos y mientras comemos hablamos de los planes que tenemos para el día. No lloramos ni decimos frases tristes de cajón, solo nos hacemos compañía los cuatro, porque sabemos que el espíritu de mamá nos acompaña. La podemos sentir en cada brisa que sopla y en cada hoja que se mueve.

— ¿Qué tal van los preparativos para tu ingreso a la universidad? —Pregunta mi abuela con mucho interés.

La U es algo que he ido posponiendo para cuando me sintiera lista, ese día llego y en una semana ingreso al primer semestre de Medicina en la Universidad de los Andes, la mejor del país.

Antes del accidente soñaba con ser diseñadora de modas, todavía me gusta, pero ahora encuentro más satisfacción en ayudar a personas que al igual que yo hemos sufrido mutilaciones u otro cambio físico violento. Ana, mi psicoterapeuta, ha sido fundamental en proceso de recuperación. “Las cicatrices del cuerpo son fáciles de sanar...lo difícil son las heridas el alma”

He sido afortunada, mi padre, la abuela, mis amigos y médicos han hecho de este proceso un camino más fácil de recorrer. El apoyo incondicional ha sido clave, jamás lo hubiera logrado sin todos ellos.

—Tengo todo bajo control con la U—respondo sin más.

—Ya… —dice mi Abu mirándome de reojo—, ¿solo eso me vas a responder?

—No me acoses porfa, todo está súper bien en serio, estoy matriculada, tengo los libros, agendas y todo lo necesario. Sé exactamente los pasos que tengo que dar desde la entrada hasta los salones de clase. Los practique con papa la semana pasada. Todo estará bien.

—Bueno eso era lo debías contestar a la primera —dice mi padre—, no esperes que tu abuela se ponga intensa, sabes que no descansa hasta tener todos los detalles.

— ¿Con que ropa iras a la universidad? —pregunta ella con una cara de ya saber la respuesta.

—Pues con mi ropa ¿con que más? —papá niega y suspira. Rio llevando un pedazo de cruasán a la boca.

—No vas a ir a la universidad en shorts y blusas cortas Mía, ¡por la santa Virgen!, hoy mismo nos vamos de compras, puedes tener ropa de tu estilo hippie chic o lo que sea, pero decente. Un poco más casual digna del lugar, no se te olvide que es una universidad muy prestigiosa.

—Está bien vamos de comprar, pero que te quede claro que compraré lo que yo quiera.

—Ok perfecto, además mira, la universidad es un excelente lugar para encontrar novio —dice ella. Papá se atraganta con el café.

— ¡Abu! Ya vas con lo mismo —digo con los ojos en blanco mientras le doy unas palmaditas en la espalda a papá que sigue tosiendo, mi abuela se ríe por lo bajo.

—Me niego a hablar del tema —protesto.

—Estoy de acuerdo — me apoya mi padre y como no, la idea de un novio nunca ha sido tema de su agrado, no quiere que ningún patán rompa el corazón de su hija (palabras textuales)

—Además creo que ya Mía tiene un prospecto de novio, aunque lo niegue —dice papá. Sé por dónde va la cosa.

—Te he dicho muchas veces que Andrés es mi mejor amigo, no mi novio.

No miento, conocí a Andrés en el grupo de apoyo, hace 3 años, es 5 años mayor que yo, aunque aparente más, debido a su estatura y cuerpo musculoso, casi todo tatuado, la verdad es muy intimidante, pero es solo una fachada, en la persona más dulce que conozco y el mejor amigo que podría tener. Presenta el mismo cuadro clínico que yo, la diferencia es que el perdió su pierna izquierda, practicando deportes extremos, cosa que todavía continúa haciendo solo que con más precaución. De hecho, en esto momentos se encuentra en unos de sus viajes y todavía demora 2 semanas en regresar, lo extraño mucho.

—Bueno yo solo digo, parece que tú le gustas o por lo menos eso he notado yo — dice mi padre fingiendo poco interés.

—Te equivocas, Andrés me quiere como una hermana, yo ha el igual.

—En la U vas a tener muchas oportunidades de conocer a hombres guapos e interesantes y tener una que otra cita —dice mi abuela, papá la fulmina con la mirada.

 —Elena, no creo que Mía esté lista para dar ese paso todavía.

¡Si el supiera! ¡Miro de reojo a mi abuela para se quede con la boca cerrada!

Hace unos meses empecé a salir en citas a ciegas, orquestadas por mi abuela por su puesto, según ella, “hay que besar muchos sapos antes de encontrar al príncipe”. Y entre más sapos bese, más cerca voy a estar. ¿Qué tal la muy sinvergüenza?

Han sido 4 o 5 citas, pero todas fallidas, por muy bonita que sea, ningún hombre joven quiere encartarse con una mujer discapacitada. Si suena horrible, pero es la verdad. Algunos tienen la decencia de decirme que están en otras relaciones o darme una excusa aceptable de porque no pueden seguir viéndome, otro me ofreció su amistad, ¡Dios! Y otro me dijo que llamaría y nunca lo hizo, tampoco lo espere, era un idiota baboso.

Le dije a mi abuela que por favor no insistiera más con las citas, acepto, solo porque en unos meses estaría en la U y según ella, ahí si encontrare más temprano que tarde un novio que valga la pena.

Básicamente nunca he tenido novio. Patético. Pero no ha sido porque no quiera. Antes del accidente mis padres me lo prohibieron, según ellos el noviazgo es a partir de los 18 años. ¡Joder! Ahora soy una mujer virgen de 20 años y eso no es lo peor, ese estatus no lo voy a perder en los próximos…50 años, como van las cosas.

No estoy acomplejada y necesitada de un hombre ni nada de eso. No tengo afanes de meterme con cualquiera. Lo que me entristece son las razones. Es obvio que si tuviera mis dos piernas enteras ya habría tenido por lo menos 3 novios, con sexo incluido.

Mi padre siempre me alienta, diciéndome que puedo lograr cualquier cosa que me proponga, y en parte le creo, pero la verdad es que no es del todo cierto. Hay cosas que no dependen de nosotros. No se puede tener todo lo que se quiere en la vida, sobre todo cuando depende de otras personas.

Que le diré a los prospectos de novio, “Hola soy Mía, tengo 20 años, soy bonita, inteligente, divertida, con buen sentido del humor, independiente, sincera…ah se me olvidaba… tengo una pierna amputada”. Fin de la conversación.

Salgo de mi propio universo cuando la Abuela se pode de pie para irnos.

Terminamos el desayuno, nos despedimos de papá, que siempre se queda solo unos minutos más con mamá, nunca le pregunto que hace o dice, es algo muy personal.

Lo esperamos en el carro unos 10 minutos y nos vamos de regreso a la casa.

—Mía por favor, cámbiate rápido que se nos hace tarde para ir de compras.

—Pero, apenas son las 9 de la mañana Abu.

—En la tarde no puedo, tengo otra cosa que hacer.

—Ok, dame 15 minutos y estoy lista —Le digo.

Voy a mi cuarto y saco unos shorts cortos de jean azul desgastados, una blusa campesina blanca y botines cafés. Me coloco un collar largo y mis pulseras de atrapa sueños, anillos y aretes largos. Dejo mi cabello suelto, aplico perfume y salgo con mi mochila.

—Estoy emocionada Mía, hace mucho que no pasamos tiempo de calidad juntas.

—Si yo también estoy entusiasmada.

Esta salida improvisada es junto lo que necesito para despejar la mente y no recordar el día del accidente y el hecho de que mamá está muerta.

El centro comercial Santa Fe, el más grande de la ciudad y entramos a varias tiendas, compro unos cuantos outfit de mi estilo, casuales y cómodos para las jornadas de clases.

Se nos hace medio día y nuestros estómagos piden comida a gritos, vamos a El Corralito y nos pedimos una hamburguesa doble carne cada una, con porción de papas fritas y Coca—Cola, no comemos comida rápida muy seguido pero el día de hoy lo amerita. Lo nuestro es la comida sana y orgánica.  “Una vez al año…no hace daño”

Mientras esperamos sentadas dos chicos entran al restaurante y se sientan justo en la mesa del frente. Mi abuela como no se pierde una, se percata que uno de ellos me queda mirando fijamente, el de camisa roja.

¡Mi dios, que bueno esta!

Yo también lo miro, aunque muy disimuladamente claro, es alto, de cuerpo delgado pero muy bien definido, piel blanca, cabello negro abundante, cejas tupidas, ojos claros, buen perfil y labios rosados y carnosos, además usa barba.

Me encantan los hombres con barbita, como a Shakira.

El susodicho se da cuenta que lo estoy detallando no tan disimuladamente, por lo que noto y me lanza una sonrisita torcida, como diciéndome “si estoy bueno lo sé”

Mi abuela carraspea la garganta y me da un codazo.

— ¿Qué? —finjo.

—Esta bueno verdad —está claro que no es una pregunta, es una muy muy acertada afirmación

— ¿Quién? —pregunto haciéndome la boba y mi abuela voltea los ojos como si estuviera en pleno ataque epiléptico.

—No te hagas la boba, no le quitas los ojos de encima ni el a ti, deberíamos acercarnos y decirle que podemos compartir mesa.

— ¿Como? No. ¡Estás loca o que! como se te ocurre, por favor no me avergüences. 

Quiero disfrutar del momento mientras dure. Un bombón como él coqueteando es como una lotería para mí, solo se ve una vez en la vida.

—Vale, solo fue una sugerencia —dice levantando las manos en son de paz—, el otro tampoco está mal —dice ella.

No se equivoca, tampoco está nada mal, tienen la misma complexión física, pero es más delgado, cabello castaño y ojos oscuros tal vez cafés y tiene el rostro más aniñado, sin barba. No creo que sean hermanos, no se parecen, tal vez sean primos, o amigos, o novios, quien sabe.

El sigue mirándome y yo opto por mirar a otra parte, la verdad me siento un poco excitada por la situación. Su miranda es…morbosa, pero no me molesta, en parte me agrada y mucho.

Llega nuestra orden de hamburguesas y las devoramos mientras mi abuela me cuenta sobre el viaje que realizará con Ernesto, ella insiste en decir que es su novio, yo digo que es su casi marido, con 8 años de relación y para la edad que tienen “novios” se queda pequeño.

Quedo viuda joven y estuvo años sola hasta que conoció a Ernesto Uribe, un prestigioso oncólogo, él es un encanto y le tiene una paciencia…

—Abu y hasta ahora me dices que en tres días te vas de crucero, eres una descarada.

—Tampoco es que tenga que pedirte permiso, además fue sorpresa de Ernesto, apenas me lo dijo hace dos días mientras celebrábamos el octavo aniversario de novios— suspiro derrotada.

Miro hacia al frente y el buenazo tiene la vista clavada en mí. Fijamente.

¡Papacito! Sonrió al tiempo que tomo un sorbo de su Coca—Cola.

— ¿Porque no te casas con ese hombre de una buena vez? O por lo menos vivan juntos, ya duermes con él todas las noches, en su casa o en la tuya, la verdad no te entiendo. ¿Acaso no lo quieres?

—Claro que lo quiero, estos muy enamorada de él, y no, no me voy a casar, lo de vivir juntos, bueno lo hemos hablado, pero es que estamos tan bien así, que no queremos arruinarlo. Preferimos ser dos novios eternos —responde mi abuela muy convencida de sus palabras.

—Tú sabrás, “cada loco con su tema” —le respondo encogiendo mis hombros con despreocupación.

Antes de terminar de comer llega la orden para llevar de los dos buenazos, toman su pedido y se disponen a marcharse. Antes de salir por la puerta el morenazo gira su cabeza y me mira, me giña un ojo y me sonríe. Le devuelvo el gesto un poco apenada.  Acto seguido se van.

— ¡Ave María purísimaaa! —suspiro.

— ¡Sin pecado concebidooo! —responde mi abuela.

Ambas reímos como dos locas, caray eso fue fuerte, al menos para mí.

—Sí tuvieron 40 años menos —dice mi abuela y suelta una carcajada. Esta mujer no tiene límites.

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