Sofía ingresó al edificio, su esposo tomó su mano y la guio al ascensor, estaba algo nerviosa.
Los empleados la miraban con curiosidad, en algún momento ella fue la aclamada señora Clark. En ese momento, ya no tenía nada, era una mujer normal, sin bienes ni lujos.
—Te quiero pedir un favor —murmuró por lo bajo.
Darío acarició con cariño su mejilla y la miró con ternura.
—Tus deseos son órdenes, mi amor.
—Quiero que me trates como a una empleada más, quiero ganarme mi puesto, y el respeto de