Sofía ingresó a la habitación de su prima, tenía el brazo enyesado, algunos golpes, pero al menos estaba bien.
Se acercó y la abrazó con fuerza, sentía que todo lo que sucedía era su culpa.
—Lo siento, esto es mi culpa, primero Darío, ahora tú, ¿cómo te sientes?
Ella la mira y seca sus lágrimas con sus manos, niega con cabeza.
—Estoy bien, me duele un poco el cuerpo nada más, sé que no fue un accidente Sofía, pero no es tu culpa, no eres una mala persona, sé que si estuvieras en mi lugar, me