La madre de Patricia estaba en su habitación encerrada, quería escapar de ese lugar, ¿pero a dónde iría?
Todo se estaba volviendo tan complicado, el marido de su hija, era un asesino peligroso.
Su hija ingresó a la habitación con un plato de sopa en sus manos.
—Tienes días de que no comes, no puedes seguir así.
—Tú lo sabías y no dijiste nada, era mi hermano Patricia, mi propia sangre, ¡qué carajos estabas pensando!
Patricia respiró profundamente.
—Ahora, si tienes conciencia, mamá —respondió c