Sofía sentía que las cosas la sobrepasaban, se sentía culpable de lo sucedido.
Acarició su abdomen con cariño, se levantó del sofá y tomó el abrigo, se lo colocó. Hacía algo de frío, y el viento soplaba con fuerza.
Sofía avanzó por el pasillo, la encargada de cuidarla se preocupó al verla tomar el pomo de la puerta.
—Señorita, por favor, no salga, sabe que es peligroso, el señor se preocupará.
—Volveré en unas horas.
—Está oscureciendo, puede pasarle cualquier cosa hay afuera.
Sofía tomó e