—Eres un imbécil.
Darío le mostró una sonrisa.
—¿Por qué? Solo intento ayudarla.
Carlo colocó todo lo que necesitaba en la mesa, tomó unas gasas y las empapó con alcohol.
—Quítate la camisa.
Darío hizo lo que le ordenó su amigo; tenía una herida en el abdomen.
—Le pediste matrimonio para ayudarla o para evitar que se marchara.
Darío frunció los labios, molesto, Carlo parecía leer sus pensamientos.
—Trato de ayudarla, si él la encuentra, sabes lo que le haré.
—Lo sé, pero de nada te ser