El gran día había llegado. Patricia miraba su reflejo en el espejo, se sentía como la mujer más afortunada del mundo entero.
Se casaría con la persona que amaba. La boda se celebraría en uno de los hoteles de la familia Clark.
No cualquiera podía casarse en un lugar como ese, obviamente ella era la dueña del hotel.
—Te ves realmente hermosa —habló Violeta mirando a su amiga.
—Lo sé, soy feliz, me casaré con el hombre que amo, nadie se interpone en mi camino.
Patricia se colocó los zapatos,