—Espero que sepa muy bien lo que está haciendo, señor —dijo Sánchez con la voz grave, desprendiéndose de la evidencia real.
Samuel tomó el sobre con una chispa de triunfo brillándole en los ojos.
—Créame, señor Sánchez, que sé perfectamente lo que hago —aseguró Samuel, guardando la evidencia auténtica en el bolsillo interno de su saco—. Esa mujer es una advenediza y yo solo estoy cumpliendo las órdenes estrictas del señor Simón Valenti para proteger esta herencia.
Sin perder tiempo, Samuel intr