La moneda del silencio y la verdad comprada
El despacho del investigador privado Sánchez olía a café amargo, papel viejo y tabaco rancio. Ubicado en una zona discreta de la ciudad, lejos de los deslumbrantes rascacielos donde la alta sociedad tejía sus negocios, el lugar ofrecía la sombra perfecta para los asuntos que requerían discreción. Las persianas venecianas, entornadas apenas para filtrar la luz de la tarde, proyectaban líneas horizontales sobre el escritorio de madera desgastada donde