Mundo ficciónIniciar sesiónRenata
Los aplausos estallan cuando el cura nos declara marido y mujer, y yo sonrío, claro que sonrío, porque para eso me entrenó mi madre toda la semana, y porque hay cien personas mirándome esperar el momento en que la novia rebelde por fin se doblegó.
Lo que ninguno de ellos sabe es que mientras sonrío, mientras mi flamante esposo me roza la mejilla con unos labios fríos que no llegan a ser un beso, yo es







