Renata
Llego a casa pasadas las nueve, arrastrando los pies, con el peor humor del mundo y las ganas de meterme en la tina y no salir hasta el año que viene.
Ha sido un día de perros. Mi madre invadiéndome la oficina, el contrato de Alcázar cayéndose, la certeza de que Federico me está asfixiando en silencio. Lo único que quiero es silencio, una copa y mi cama. Pero apenas cruzo la puerta entiendo que no voy a tener nada de eso, porque Leonardo está en la sala, y viene con un humor tan malo com