Renata
Me despierta la alarma del celular y maldigo por lo bajo por lo poco que dormí. Si a eso se le puede llamar dormir, porque me pasé la noche entera tratando de entender cómo fue que le vendí mi virginidad a la única persona que juré que no la tendría.
No abro los ojos, y siento cómo se mueve. Sus brazos me sujetan y no entiendo en qué momento terminamos así de enredados. Él abre los ojos, me mira, y al ver lo cerca que estamos, y que es él quien me tiene pegada a su pecho, me suelta como