Leonardo
Cuelgo el teléfono y lo dejo sobre el escritorio con más fuerza de la necesaria, y me quedo mirándolo como si tuviera la culpa de algo.
"Nada", me dijo Emiliano. Otra vez nada. Días pagando, presionando, comprando, y esa mujer sigue sin aparecer, como si se la hubiera tragado la tierra. Y yo aquí, encerrado en mi estudio a medianoche, obsesionado con una desconocida sin cara, gastando una fortuna en encontrar a alguien con quien pasé una sola noche.
Me sirvo un trago. Me lo tomo. Me si