Renata
Escucho el portazo del auto desde la cocina y suelto una carcajada que llevaba aguantándome desde que bajó las escaleras con esa cara.
Porque funcionó. Vaya que funcionó.
Mi marido, el témpano, el hombre que jura que jamás me va a querer, pasó la noche sufriendo, y yo lo sé, tengo pruebas. Lo escuché anoche maldecir en la ducha a las tres de la mañana, con el agua corriendo, murmurando "maldita mujer" como si yo tuviera la culpa de que él no controle su propio cuerpo. Lo sentí acercarse