Alessia Vittoria Bellerose
Dante no despierta. Su mano se mueve apenas una vez, como si quisiera demostrarme que sigue aquí, que su cuerpo todavía pelea, que el hombre imposible que se atravesó entre una bala y yo no piensa rendirse tan fácil.
Pero no abre los ojos. Y cada minuto que pasa me arranca un pedazo de calma.
Estoy sentada junto a su cama, con los dedos entrelazados a los suyos, escuchando su respiración pesada. El doctor Vargas dejó instrucciones claras: controlar la fiebre, revisar