Dante Salvatore Valcárcel
Isadora no grita cuando la esposan. Eso me molesta.
Las personas como ella deberían gritar. Deberían desmoronarse. Deberían rogar de rodillas cuando el imperio que construyeron sobre mujeres rotas empieza a caerles encima.
Pero Isadora Vitale no ruega.
Sonríe.
Incluso con sangre en el labio, incluso con las manos sujetas detrás de la espalda, incluso cuando Rocco la empuja contra una de las columnas subterráneas y los archivos de Custodia Negra empiezan a salir hacia s