CAPÍTULO 40

El tiempo siguió pasando y, cuando los meses designados para esas largas vacaciones llegaron a su fin, María debió enfrentar al fin la realidad.

—¿Volverás a Monterrey? —cuestionó Sofía cuando, en el aeropuerto, despedía a su cuidadora provisional y su gran amiga.

María negó con la cabeza, las despedidas le dolían, así que, ahora que era más consciente de sus emociones y sus detonantes, debía esforzarse mucho más para no terminar llorando por cualquier cosa.

» Entiendo —aseguró la mujer mayor, tomando la mano de la chica que le sonreía a punto del llanto—. Deseo que todo vaya bien en tu camino, y que tu corazón sane pronto; pero, mi deseo más ferviente es que no pierdas de nuevo tu celular, porque no te sabes ningún número además del de tu mamá, y ella no tiene el mío.

Mari sonrió al fin, empujando con sus mejillas las lágrimas en sus ojos.

» No dejes de contactarme —pidió Sofía, liberando las manos de la joven que la veía, tal vez, por última vez—, y cuídate mucho, preciosa. Busca se
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