—¿Desnudo? No, ese no es el trato
—debes hacerlo, si no lo haces, no saldrás nunca de mi casa, se lo aseguro
—¡No eres mi puto dueño!
—¡Tienes una boca muy sucia! La puedo limpiar, ya sabes...
—¡Eres un sucio, depravado!
Emilio sonríe maliciosamente. —¿Lo soy? O lo eres tú. Al pensar tan sucio, dígame señorita Parrow, ¿Qué más tiene en su cabeza depravada?
El rostro de Aurora se torna rojo hasta sus ojeras, por primera vez en su vida un hombre la desarma y juega con su mente.
—Al parecer, u