Mientras el Jet atravesaba tranquilamente un banco de nubes densas y blancas como el mismo algodón, Erick se dedicó a reñirse con fuerza, tratando de borrar de sus labios la estúpida sonrisa de felicidad que se le había quedado pegada desde que había visto a Olivia caminar hacia él en el altar. En ese momento había estado bien que sonriera, pues se estaba casando y se suponía que debía verse como un novio feliz y emocionado, pero ahora que estaba solo, no tenía por qué seguir aparentando. El pr