El peor castigo: 19. Estoy dispuesto a todo por merecer su perdón
— ¿Qué pasa? ¿Qué es tan importante? — preguntó Matías a su jefe de seguridad, ya a solas.
— Señor, ni siquiera sé cómo decirle esto — no le gustaba en lo absoluto su cara, tampoco la sensación de culpa en el tono de su voz —. Y si después de que lo haga, cree que deba firmar mi renuncia, lo entendería perfectamente.
Matías entornó los ojos.
— ¿De qué diablos va todo esto, Santiago? ¿Por qué te pediría la renuncia? — exigió saber, contrariado —. Llevas años trabajando para mí, así que te ordeno