48. Una verdad revelada
Casi amanecía cuando Matías se acercó a una Amelia desconsolada. Había estado largas horas al teléfono.
— Hay una suite disponible para ti en este momento. Ve y descansa.
Amelia alzó el rostro, todavía empañado, y negó con la cabeza.
— Quiero esperar a que me permitan verlo.
— Ya hablé con el doctor y por ahora no será posible. No tiene sentido que sigas aquí, mírate, estás cansada y ni siquiera quisiste comer.
— ¿Y si… despierta y yo no estoy? Le dije cosas horribles. Merece saber que… — bajó l