— Cali — exclamó Dara en un hilo de voz al ver a su amiga, jamás se imaginó que se tratase de ella cuando llamaron a su puerta.
— Hola — saludó Calisto con temor. Después de todo al irse también dejó a su amiga, al tenerla frente a ella comprendió que había sido demasiado egoísta, por la urgencia de alejarse de aquellos que le hicieron daño, no pensó en quienes le habían mostrado su cariño, y le brindaron una amistada incondicional como lo hizo Dara.
—Hola — respondió Dara mirándola como si sus