Nadie sabe lo que tiene. Capítulo 50: Una pasión sin igual.
Leonor se quedó viéndolo con las cejas alzadas, mientras decenas de preguntas se arremolinaban en su cabeza. ¿Será verdad que está ebrio? ¿Cómo puedo comprobarlo? Se dijo mientras sentía que los engranajes de su cerebro se movían con rapidez buscando una salida.
—¿En verdad estás ebrio? —le preguntó Leonor, y él se acercó sonriendo y con un aire de coquetería le habló en un susurro al oído.
—¿Quieres que te haga el cuatro? —inquirió y el rostro de Leonor se ruborizó al imaginarse otra cosa.
Él