Nadie sabe lo que tiene. Capítulo 10. Un acercamiento imprevisto.
Angus entró en la sede, del imponente edificio de cristal que parecía perforar el horizonte de Los Ángeles. Al entrar, las cabezas se giraron y el aire se cargó de reconocimiento.
La recepcionista, intuyendo su propósito, se levantó de su mesa con elegancia.
—Señor, en estos momentos se encuentra en una reunión en la sala, pero si me permite mostrarle... —comenzó.
Él levantó una mano para interrumpirla.
—No es necesario que me acompañe, yo conozco perfectamente el camino.
Su voz transmitía la