14. Perfecta
14. Perfecta
Layla tembló ante la profundidad del deseo que se reflejaba en los ojos de Nathan. Esa pasión no podía ser fingida, pero tampoco quiso ponerle mucha cabeza. No quería pensar, no deseaba que la razón se hiciera cargo y arruinara esto que sucedía.
Quería llegar al final; Layla estaba convencida de que lo mejor estaba por venir. Podía sentirlo en cada fibra de su ser. Y Nathan no la defraudó. El hombre se arrodilló entre sus piernas, levantó uno de sus pies y lo colocó sobre su hombro