11. ¿Están aquí?
11. ¿Están aquí?
El silencio se volvió sepulcral, pero esta vez Gemma no bajó la guardia por si su madre intentaba golpearla de nuevo. No sucedió; Hazel se convirtió en una estatua de piedra; lo único que se movía en ella eran sus ojos.
—Ahora que sabes la verdad, espero que no sigas insistiendo, mamá. Me voy a divorciar y llevaré a mis hijos a que conozcan a su padre —dijo.
Gemma no iba a arriesgarse a decirle a su madre que ya lo había visto, que habló con él y le contó la verdad.
—Estás loca