107. Si el destino lo quiere
107. Si el destino lo quiere
Nathan apretó la mano de Layla, haciéndole saber que no estaba sola, que él no la dejaría. Lo que fuera que el médico tenía que decir, cualquier noticia buena o mala, la enfrentarían juntos, como el matrimonio que eran.
El obstetra, ajeno a los pensamientos e inquietudes de la pareja, aplicó el gel frío sobre el vientre de Layla.
Ella se estremeció.
—Lo siento —se disculpó el médico—. Creí que me había escuchado —agregó.
Layla negó. Había estado inmersa en sus pens