66. El desconcierto los paraliza.
El suelo del inframundo se desmorona cada vez más, permitiendo que los gritos y sollozos de las almas atrapadas allí escapen.
Las llamas acumuladas alrededor son sofocantes, robando el aliento de todos los presentes. El calor es abrumador y parece calar hasta los huesos.
El Alfa no aparta los ojos de su Luna. Aunque no hay marcas visibles de los golpes que ha recibido, él ha visto cómo la lastiman.
Su corazón late desenfrenado, golpeando su pecho como un caballo desbocado, incapaz de encontrar