59. Te volveré a asesinar…
Ann empieza a construir la ilusión, adoptando el rostro de la madre de Anteo.
—Hola, hijo. Veo que sigues siendo un ser maligno. Fuiste un niño muy malo y ahora eres un hombre cruel —le dice, mostrando la figura de Celeste, su voz impregnada de reproche—. Tu corazón está tan podrido como el de tu padre.
—¿Qué demonios es esta maldit4 ilusión? —ruge el usurpador del trono de Poseidón, acercándose con furia y sujetándola bruscamente del cuello—. ¡Tú estás muerta! Yo mismo te asesiné.
Ella sonríe