55. Como en toda guerra, siempre hay sacrificios.
—Malditos ex Alfas —susurra Annie, antes de dejar escapar una sonora carcajada.
Salvador la mira de reojo, desconcertado. No se atreve a decir nada; siente que él es el mayor culpable de que las cosas hayan llegado a este punto.
Descuidó la seguridad. No se percató de la cercanía del grupo de renegados que estaban ingresando, ni de cuando los líderes del concejo comenzaron a tomar el control del castillo.
Annie lo observa. Puede leer sus pensamientos. Siente la tristeza de su amigo, pero, como