22. Huele a perro mojado.
—¿Tú eres la ladrona? —me pregunta el amigo de mi lobito, su voz llena de confusión.
No entiendo de qué habla.
Mis manos tiemblan mientras lo toco. Mi lobito... no, no puede ser.
No puedo perderlo.
Aún falta mucho por vivir.
Mis pensamientos se concentran en ese tonto lobo que sigue sin despertar.
Golpeo su pecho con más fuerza, suplicando que su corazón vuelva a latir, pero todo parece en vano.
De repente, la imagen de Jarek aparece ante mis ojos. Esos recuerdos dormidos ahora son totalment