CAPÍTULO 60. Me agrada Lauren
Heidi se irguió con una dignidad forzada, intentando recomponerse, porque de momento su orgullo era lo único que parecía intacto y nadie podía asegurar que siguiera así por mucho tiempo.
—¡No tengo por qué darte ninguna explicación! —espetó levantando la barbilla con altanería—. ¡Para empezar, tu prometida soy yo, no esa zorra que estaba invadiendo tu casa!
El silencio se rompió como cristal y Mark dio otro paso hacia ella, temblando de furia.
—¿Qué le dijiste? —siseó, sabiendo que probablement