LISA GALINDO
Emilia tomó mi rostro entre sus manos y me sonrió con cariño.
—Te quiero mucho, mamá, y Rebe también. —Se bajó de mi regazo y cargó a Rebe frente a nosotros—. ¿Verdad, Rebe? ¿Verdad que quieres mucho a nuestra mamá?
Como respuesta Rebe comenzó a hacer burbujas de baba y agitar sus manitas, asustando a las luciérnagas curiosas.
—Seremos una familia… por siempre, ¿verdad? —preguntó Emilia viéndome fijamente con esperanza.
—Siempre —contesté con una sonrisa antes de voltear hacia