ARTURO VEGA
—Además… creo que es excitante huir con un prófugo de la justicia —ronroneo Lisa contra mi cuello, haciendo que torciera los ojos.
—Lisa… —refunfuñé con voz apesadumbrada, pero antes de que pudiera reclamarle algo, me tomó por el cinturón y me empujó a la cama.
—Me gustan los chicos malos… —agregó levantándose la falda, mostrándome sus pálidos muslos mientras se me subía encima a horcajadas.
—Lisa… —pronuncié su nombre nervioso—. Creo que no es momento para…
—¿Para qué? —preguntó