LISA GALINDO
—Como ves, ella está en perfectas condiciones… —dijo Antonio una vez que me arrojó al interior de mi habitación—. La estoy cuidando lo mejor que puedo y hay una conexión muy interesante entre ella y yo. ¿No te parece?
»Por momentos creo que no es hija de Arturo, sino más bien mía. Después de todo, ella fue concebida cuando Stella me servía de distracción.
Me quedé sin palabras y traté de hacer memoria. —Imposible… Arturo hizo una prueba de ADN… Ella es su hija.
—Lo sé… —contestó