LISA GALINDO
Desde que Antonio me dijo el nuevo proyecto, una punzada de desconfianza se aferró a mi corazón, algo olía mal en todo esto, aun así, alisté mi materia, revisé mi cámara y me llevé todo lo necesario.
Antonio llegó a mi edificio muy temprano por la mañana, los de iluminación, maquillistas y las modelos llegarían directamente a la locación. Por lo general usábamos unas bodegas donde teníamos el control de todo para sacar las mejores fotos, pero en este caso el empleador quiso que vi