Anna permaneció frente a la puerta con el corazón acelerado.
No sabía si abrirla o simplemente esperar a que quien estuviera afuera se marchara.
Aún podía percibir aquel aroma de la noche anterior.
Era una colonia masculina distintiva, elegante y claramente costosa.
Dudaba mucho que alguien del vecindario pudiera permitirse algo así.
Volvieron a llamar a la puerta.
Anna sujetó rápidamente el picaporte, apoyó la espalda contra la madera y respiró hondo antes de exhalar lentamente.
Finalmente, ab