Anna y Stephen entraron al hospital, cada uno sumergido en sus propios pensamientos. Anna estaba preocupada por el estado de Laura y por los acontecimientos que la habían llevado a esa situación. Stephen, por su parte, pensaba detenidamente en el viaje que tenían en puerta a Islandia.
A medida que se acercaban a la habitación de Laura, el corazón de Anna latía con fuerza por la expectativa. Entraron al cuarto y vieron a Laura recostada sobre las almohadas, con una pequeña sonrisa en el rostro.