Me quedé allí, con el cuerpo pegado al suyo, completamente muda. No tenía la menor idea de qué decir o hacer. Por un lado, llevaba meses anhelando escucharlo decir esto; por el otro, me aterraba oír esas palabras. Una parte de mí había temido que llegara este día, aun cuando parecía algo imposible.
—Max... ¿Qué... qué estás diciendo? —tartamudeé. Esto tenía que ser una broma, él no podía estar enamorado de mí, estamos hablando de Maxwell Blackwood.
— Hablo en serio, Anna. Sé que te he dicho cos