Annabel salió de la habitación del hospital, dejando a Jennifer atrás, y se limpió rápidamente las lágrimas que amenazaban con brotar de sus ojos. No lograba entender por qué andaba tan sensible por estos días; era como si las lágrimas estuvieran esperando cualquier pretexto para desbordarse a cada momento.
Al llegar al consultorio de la doctora, fue recibida con una sonrisa. —Sra. Juliet, me mandó a llamar.
—Sí, Anna. Me dijiste que querías hacerte unos estudios. ¿Se puede saber por qué? —preg