46. Un amor marchito
Mentiría si su cuerpo no extrañaba ese tipo de beso. Hambreado, sediento, repleto de buenas sensaciones. Pese al rencor, no puede detener el deseo de su cuerpo en reaccionar cuando los labios de Luis Ángel se apoderan de los suyos.
El encuentro hace que pierda la razón. Meses estuvo lejos de lo que alguna vez creyó que no era lo correcto. Porque lo era, y no podría lidiar con lo que deparaba estar entre los brazos de Luis Ángel, que son su propia perdición.
Incluso llegan hasta la mesa y se i