La habitación del hotel era un santuario de tranquilidad, donde las luces tenues se mezclaban con el suave murmullo de la ciudad que se escuchaba a través de la ventana. Kamill y Lilith yacían en la cama, sumidos en un profundo sueño, ajenos al caos que se avecinaba más allá de las puertas, pero en ese preciso momento la paz parecía un regalo caído del cielo.
Sin embargo, el silencio fue roto repentinamente por el sonido de pasos pesados que resonaban en el pasillo. Kamill abrió los ojos, sobre