Mundo de ficçãoIniciar sessãoVarias veces sufrió náuseas. Estuvo a punto de desmayarse al ver como, entre berridos, arrastraban a aquella gran cabra hacia una especie de altar de piedra, donde entre dos hombres la alzaron y tumbaron.
Seth, de pie y tras el altar y el animal, sostenía un pequeño cuchillo. Posando la mano libre en la cabeza de la cabra y ayudado por ambos hombres, recitaba unas palabras en su idioma.
De reojo y con cuidado de que no le viera, Daylhan miró a Keerd. Éste, en primera fila, prestab







