Guillermo se sentó en el borde de la cama de Tania, observando cómo ella se acomodaba en las sábanas. La tensión en el ambiente era palpable, y aunque su mente estaba llena de pensamientos sobre Valeria, no podía ignorar la presencia de Tania, quien lo miraba con ojos llenos de expectativa.
—¿Te sientes mejor? —preguntó él, intentando sonar indiferente.
—Un poco, gracias. Solo necesito descansar un rato —respondió Tania, sonriendo con dulzura. —Pero, Guillermo, hay algo de lo que deberíamos hab