CAPÍTULO 145
Samanta estaba de pie, aferrándose los brazos, con la respiración entrecortada y los ojos muy abiertos, como un animal acorralado. La presencia de la joven De la Vega en su espacio privado era el peor escenario posible.
— Me llamo Sofía de la Vega —había dicho la chica, con una franque